domingo, 26 de septiembre de 2010

Paréntesis para un momento de histeria: Culpar a la casualidad y olvidar la causalidad




Me gusta pensar que son parásitos, que no es mi culpa. Opto por creer que algún tipo de gusano intestinal me tiene enfermo.

Me gusta creer que la hipoglicemia es la causa del mareo que me despierta en la mañana.

Me gusta creer que pasar tanto tiempo delante del computador ha hecho que la radiación me provoque un cáncer cerebral, un tumor, por lo menos irritación en los ojos, y es por eso que vivo con sueño, que no puedo concentrarme en nada.

Me gusta creer que no odio el periodismo, ni mi universidad, que simplemente no sabía lo que quería a los 16 años y cualquiera que hubiera sido la elección la iba a terminar odiando.

Me gusta pensar que es el equipo de sonido de mi vecina el que no me deja dormir, que el ruido no está en mi cabeza.

Me gusta pensar que es la crisis mundial, un problema de la economía global, la que me hace ver todo de manera negativa. Que es una depresión generalizada, que no es solo mía.

Me gustan las pajas mentales. Me gusta creer que mañana el dibujo me saldrá bonito y lo cuentos serán interesantes. Que seré un buen periodista. Que tendré una buena vida.

No me gusta pensar que no tengo talento, que soy indisciplinado, mediocre, inconstante, bruto y pretensioso.

Me gusta pensar que, si me caigo, me tengo que levantar. En realidad solo quiero quedarme en el piso durmiendo.

Me gusta pensar que no es mi culpa. Me gusta pensar que es el destino. Me gusta pensar que los católicos tienen razón.

Culpar a la casualidad, porque la causalidad me quedó grande.

Destruirme como única posibilidad para construirme. Reiventarme. Reciclarme.

Me gusta pensar que son parásitos. Por si las moscas, no tomo purgante. No quiero pensar que soy solo yo y mi vida.

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