viernes, 22 de octubre de 2010
domingo, 17 de octubre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Esto pasó esta tarde
Precisé la pregunta a si ahora mismo era feliz. Ella respondió que era feliz cuando Margarita - mi hermana - y yo estábamos bien, pero que sabía que yo estaba muy aburrido, por lo cual no estaba contenta.
Nos quedamos callados.
Retomé de nuevo. Dije que lo único que yo quería era que me atropellara un carro y olvidar todo.
Un rato después de eso encontré a mi mamá acurrucada, empujando una cosa hacía donde yo estaba parado.
–Déjese atropellar – me dijo, y un carro de juguete me pegó en el pie.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Paréntesis para un momento de histeria: Culpar a la casualidad y olvidar la causalidad
Me gusta creer que la hipoglicemia es la causa del mareo que me despierta en la mañana.
martes, 21 de septiembre de 2010
Soy tan amargado que tengo hipoglicemia
lunes, 20 de septiembre de 2010
Advertencia: El dibujo de arriba tiene un lado chueco. La cartulina tenía un borde arrugado y no fui capaz de cortarlo sin que quedara torcido.
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La verdad es que sí, me gustan. Me gustan y mucho. Me gustaron cuando fui consciente de que el cielo estaba lleno de ellos. La verdad es que sí, me gustan los faros. Los faros de allá arriba que a casi todo el mundo le gustan, que casi todo el mundo sigue. Yo también quería gustarle a todo el mundo.
Pensé en construirme uno propio. Pero, para levantar cualquier edificio, uno necesita un terreno, y yo no tenía un terreno. Bueno, sí tenía uno, el único: mi cama.
Al principio, construí mal mi faro: Lo construí debajo de la cama. Lo puse ahí de forma inocente. Debajo de mi cama siempre estaba oscuro. Allí el faro siempre iba a alumbrar, pero nadie lo iba a ver. Yo quería que lo vieran y lo admiraran.
Lo puse encima de la cama.
Para mí, mi faro era el faro más hermoso del mundo. Pronto me olvidé de los faros de allá arriba porque, para mí, el único faro valioso era mi faro.
Me dediqué a mirarlo día y noche. A mirarlo como si no hubiera nada mejor. Era el único que existía y el más hermoso. Cuando la gente se acercaba no les prestaba atención porque solo había una cosa que valía la pena, lógicamente esa cosa no era la gente.
Me dediqué tanto a admirar mi faro que me volví ermitaño. Un poco amargado, tal vez muy.
– ¿Y éste qué?
– ¿Cómo que qué? ¿No has visto mi faro? Es el más hermoso del mundo.
– No. No lo he visto.
Se me había olvidado que tenía mi faro en la cama, y en toda mi vida nunca he llevado a nadie a mi cama.
– Ven, te muestro mi faro. Da la luz más hermosa del mundo.
…
– ¿Te has dado cuenta de que está agrietado? Y la luz que da solo es fuerte cerca del faro, no llega lejos. Este no es el faro más hermoso del mundo. Es una construcción descuidada.
Me di cuenta de lo que pasaba: Después de haber hecho mi faro solo me dediqué a mirarlo y a estar orgulloso de él. Nunca le hice mantenimiento a las estructuras.
Quedé desilusionado.
Esa noche salí a ver, por primera vez desde que construí mi faro, los faros de allá arriba.
Alcé la cabeza y no pude ver nada. Miré y no ví nada. La luz de mi faro me había dejado ciego de tanto mirarlo. Ahora no podía ver los faros de allá arriba.
Salí corriendo a buscar mi faro. Decepcionado. Lo desconecté.
Subí a la punta de la torre. A oscuras. A llorar que el mío, mi faro, no había sido el más hermoso del mundo. De pronto, vi unas lucecitas que, despacio, llegaban y se mezclaban con el agua que me salía de los ojos.
Me quedé ahí, sentado en la punta de la torre. Unos bombillos iban apareciendo allá arriba.
La verdad es que sí, me gustan. Me gustan y mucho.
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Pregunta para el lector:
¿Tiene algo de malo querer llevar una vida inútil?
jueves, 16 de septiembre de 2010
Hay que reinventar lo que se entiende por irreverente, por revolucionario. Ahora esas cosas vienen en paquetes prefabricados, con estándares de producción. Ahora, parece ser, son un lugar común.
Es como si lo original llegara envuelto en papeles de distintos colores pero con las mismas instrucciones para armar. Versiones paralelas, a veces contradictorias, del mismo objeto.
La misma cosa, la cosa original, replicada muchas veces. Rarezas iguales, en masas semejantes a otra masa de cosas que, con desdén, se le suele llamar “normal”. Como si ser normal fuera malo.
Locos autoproclamados, idénticos a todos los locos autoproclamados del planeta. Ser raro se puso de moda, en una moda donde todos los raros son igualitos.
La creatividad más perezosa que se puede concebir.
Escribir caperucita azul no tiene ningún merito, es solo un opuesto obvio.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
- No seas tonta.